martes, 6 de marzo de 2012

Reflexiones sobre filmes nominados a los Oscar

Buen momento, ahora que han pasado unos cuantos días desde la ceremonia de los Oscar, para valorar los filmes nominados. Más allá de trivialidades (los trajes que llevó la gente a la fiesta y demás), la gala ofreció sus momentos divertidos (a estas alturas ya muy comentados: las presentaciones de Chris Rock, Emma Stone, Will Ferrell y Zach Galifianakis, la pose de Jim Rash imitando a Angelina Jolie, algunos chistes de Billy Crystal… y la aparición de Sacha Baron Cohen en la alfombra roja); pero, como desde hace años, se despachó con apuro lo más interesante (los Oscars honoríficos… entre ellos el que se concedió al gran Dick Smith) y, en este caso, no sólo no se interpretaron fragmentos de las bandas sonoras nominadas, sino que ni siquiera se cantaron las canciones (¡y eso que sólo había dos!).



Valgan pues los Oscar como excusa pues repasar el cine de Hollywood del 2011 y esos estrenos que se suelen acumular en el mes de febrero.

Se ha dicho que la gala y varias películas nominadas compartían entre sí un aspecto nostálgico y una mirada hacia el cine de antaño. También he leído los comentarios habituales de que en la academia no se arriesgan, y que debían haber competido obras como A Dangerous Method, la excelente ShameCarnage y Drive (al menos ésta recibió una nominación, el "Driver” de Walter Hill ni eso). La mejor película del año, The Tree of Life, sí estaba nominada: ahora bien, la interpretación de Hunter McCracken es estupenda, y Jessica Chastain y Brad Pitt se merecían tanto o más una nominación por este trabajo que por The Help y Moneyball, respectivamente.

Moneyball es una cinta más o menos entretenida que, por otro lado, reafirma mi opinión poco entusiasta sobre The Social Network (otra vez un personaje emprendedor-genial-algo obesionado-pero con vida personal difícil que lucha y triunfa). Uno sale de ver Moneyball con una sensación (un mensaje) parejo al que dejaba la aventura de "genio en la universidad" de Fincher: innova, sé genial, lucha, lleva adelante tus ideas… Claro que la película de la red social encerraba otros aciertos, al igual que la de Bennett Miller nos proporciona momentos interesantes, más allá de los diálogos ingeniosos de Sorkin (y de la pirotecnia de guión a lo The Social Network: cifras astronómicas de dólares y decisiones y fichajes repentinos de tipos “geniales” para que la platea se quede con la boca abierta): la letra de la canción que la hija canta a su padre (Pitt), que vuelve a sonar al final, parece un apunte muy del otro guionista, Zaillian, y nos proporciona una perspectiva más profunda sobre el protagonista que muchas otras imágenes del conjunto. 


Me habría gustado que se hubieran nominado los efectos especiales (y la banda sonora) de The Tree of Life (no por los dinosaurios de marras sino, sobre todo, por la labor de Douglas Trumbull y la apuesta por algunos efectos "tradicionales") y es una injusticia que no se haya hecho lo propio con los de War Horse.
El problema reside en que, desde mediados de los 90, la academia tiende a valorar sólo los efectos visuales (infográficos) y no los “prácticos”. En todo caso, War Horse es un buen film al que, no obstante, le encajan bien las agudas observaciones que, en 1998, Jonathan Rosenbaum hizo sobre Saving Private Ryan: “Se patentiza que la mayor lección que Spielberg tiene que enseñarnos sobre la Guerra se ciñe a lo que ha aprendido de una vida de afición al cine. Y lo que él ha aprendido viene a ser algo para todos antes que una sola visión: la guerra es el infierno, la guerra es el absurdo, la guerra es innecesaria, la guerra es inspiradora, la guerra es deprimente, la guerra es una lección moral, la guerra es una lección inmoral, y etcétera (…) principalmente encuentro evocaciones de segunda mano de All Quiet on the Western Front, de las obras de guerra de Fuller, las de Kubrick, The Bridge over the River Kwai, y recuerdos de tercera mano de los filmes de John Ford y tantos otros (...)[1]. Efectivamente, en War Horse casi todos los personajes carecen de profundidad, de verdadera vida, son como arquetipos llegados desde el cine de Ford (y de otros) antes que seres humanos complejos; además, el modo de retratar la guerra resulta a menudo un poco banal, así como la forma de acercarse a la lucha de clases y a la repercusión de las circunstancias históricas sobre el individuo (obviando el molesto hecho de que aquí todo el mundo hable en inglés). El largometraje, lleno de secuencias construidas sobre los tradicionales "impulsos" spielbergianos para emocionar al espectador (superación de situaciones difíciles, reapariciones de personajes…) resulta, por lo tanto, irregular. En cambio, está magníficamente realizado y cuenta con momentos brillantes (el memorable bloque del caballo escapando y su posterior liberación gracias a un soldado de cada ambos bandos; la sección de los hermanos alemanes que escapan). Sin duda, volvería a ver War Horse. No obstante, si tengo que elegir me quedo con The Adventures of Tintin, cinta cuyo recuerdo ha ido creciendo muy positivamente en mí desde que la vi por segunda vez: no comprendo su ausencia entre los mejores filmes de animación (¡tras haber ganado el Globo de Oro en esta categoría!) y, sobre todo, considero un chiste que no haya ganado el Oscar a la mejor banda sonora.

La espectacular y dinámica partitura de Williams se convertirá en un clásico, si no lo es ya. Se llevó este premio Ludovic Bource, lo que sigue la rara costumbre de premiar a la banda sonora que más “destaca” o que tiene componentes "originales" o exóticos (recordemos casos recientes: Trent Reznor y Atticus Ross, A. R. Rahman, Gustavo Santaolalla, Tan Dun…). Sobre The Artist ya se ha escrito mucho: se trata de un film simpático y curioso que, desde luego, no es para tanto.

En cuanto a otro film sobre cine, Hugo, sinceramente creo que Scorsese (que el año pasado estrenó otro título muy recomendable, George Harrison: Living in the Material World) no era el director más apropiado para llevar a cabo esta historia. Aun así, estamos ante un buen largometraje, innecesariamente complicado (que no complejo) en lo narrativo y, en bastantes momentos, con una incómoda tendencia hacia los planos cortos. Repleto de escenas brillantes (muchas relacionadas con Méliès y su obra), Hugo no funciona demasiado bien en lo dramático, y podría haber sido una ficción más mágica y misteriosa. Aun así, se trata de otro film que volvería a ver con gusto.

Mis expectativas con respecto a The Descendants eran bastante altas, pues siempre me ha gustado mucho Alexander Payne: un director con capacidad para dirigir su ironía en varias direcciones, que en sus mejores propuestas sabe mantener cierta distancia con lo que narra, que intenta que reflexionemos y nos replanteemos lo que estamos viendo, que tiene talento para encajar y contrastar a los personajes en su entorno y con los decorados (algo que frecuentemente practica también con la banda sonora) y que nos cuenta las cosas sin enfatizar demasiado en ellas, con cierta “tranquilidad”. The Descendants no constituye el mejor film de Payne, si bien es simpático y exhibe algunas virtudes habituales de su cine: no obstante, se suceden algunos instantes un tanto previsibles y el conjunto carece de la agudeza de anteriores ocasiones. A destacar la importancia de determinados elementos (el agua), las situaciones en las que Payne mantiene esa distancia mencionada, el momento en el que Clooney y sus hijas divisan el vasto terreno del que son herederos… y ese nadir lleno de significado, al final, que nos muestra las coronas de flores que Clooney y sus niñas han tirado al agua.

Entre los demás títulos nominados, obviando ahora la estupenda Midnight in Paris, se encuentra The Help, el típico film que en España y parte de Europa no suele ser bien recibido por la crítica (pues versa sobre temas “muy americanos” de modo “muy americano"). Aunque la historia resulta algo previsible y está contada un tanto timoratamente, esta comedia dramática mantiene el pulso durante parte la primera mitad de su metraje. Además, el film no está mal planificado. Eso sí, las nominaciones al Oscar de las actrices, que interpretan tipos, caracteres genéricos, siguen la tradición de premiar las actuaciones más "aparentes" (The Help es una obra comercial aceptable, ahora bien, aprovecho la ocasión para recomendar Passion Fish, aquel film de Sayles nominado a un par de Oscar en 1992). Poco bueno que decir de Extremely Loud and Incredibly Close, un producto ligeramente insoportable, partiendo ya del carácter del niño protagonista (casi más insufrible que el de Where the Wild Things Are) y siguiendo por la pareja de actores que dan vida a los padres, tan sosos como sólo puede serlo una pareja formada por Tom Hanks y Sandra Bullock. La historia (que guarda paralelismos con la de Hugo) no empieza mal, pero da un montón de vueltas ridículas y a menudo está rodada mediante un cúmulo de innecesarios planos cortos. Todo gira sobre perder el miedo tras las “heridas” del 11-s, pero no se proporciona ninguna pregunta ni ninguna respuesta medianamente sugestiva sobre nada.

Entre las otras producciones nominadas a los Oscars “importantes”, nada demasiado destacable. A Better Life es un film digno que arranca muy bien: cine “realista” que se posiciona claramente (su visión no encaja, precisamente, con la descripción de Estados Unidos como “la tierra de las oportunidades”) y sin necesidad de recurrir constantemente a la cámara en mano y otros “tics” habituales.














Aquí se nos acerca a unos ambientes y situaciones concretos de modo sencillo y directo (me gusta la manera en la que está fotografiada Los Angeles). El inconveniente radica en que, una vez que la historia empieza a seguir la tradición de Ladri di biciclette (al protagonista le roban la furgoneta y se dirige a por ella con su hijo) todo se vuelve más convencional: el didactismo (el chaval rechaza las pandillas; padre e hijo se conocen y comprenden más gracias a ese intento de recuperar la camioneta), a veces agradable, choca con el formulismo de determinados elementos (¿No tiene el mismo derecho a vivir dignamente un personaje sin objetivos "concretos" en la vida, sin un hijo?) y la alargada conclusión (como ejemplo, el diálogo final entre el protagonista y su chaval; al mismo tiempo, la interpretación del niño es mucho peor que la de su padre en la ficción, Demián Bichir).

Tinker Tailor Soldier Spy es sin duda un buen film, sin embargo la reputación de Warrior resulta a todas luces excesiva. Se trata de la historia deportiva de siempre con un (supuestamente) mayor toque dramático e intimista; en realidad lo que se nos da es un poco gato por liebre. El largometraje resulta entretenido y Gavin O’Connor consigue verismo en sus imágenes, ahora bien, la realización es sumamente estándar y habitualmente carece de la distancia (sí, otra vez esta palabra) necesaria: al respecto, sólo hace falta recordar la manera en la que están rodadas las luchas o esas reacciones del director del instituto, sus alumnos y la mujer de Brendan, ante las peleas de éste en el campeonato. El “deporte” alrededor del que se desarrolla la historia no recibe apenas ninguna mirada mínimamente afilada.













El drama de los personajes resulta atractivo, pero no existe ninguna visión personal (ni moral) sobre lo que se muestra (al contrario de lo que ocurría en la superior Redbelt, de Mamet). Puede que el director simplemente quisiera exhibir "cómo" son las cosas en un país fracturado que se reconcilia a base de golpes, pero lo hace de una manera un tanto cobarde; no juzga a los personajes, no obstante, tampoco deja demasiado espacio al espectador para pensar. Pese a los momentos emotivos (muchos de ellos con la presencia de Nick Nolte), a que empieza bastante bien y en conjunto divierte, al final me quedé con la sensación de haber asistido a un espectáculo harto tradicional.
Por otro lado, Beginners es un film con elementos sugestivos y que logra transmitir con éxito varios conceptos. Para empezar, a menudo nos llega su agradable llamada a experimentar y vivir intensamente; conjuntamente, aborda los prejuicios y la presión social contra la homosexualidad (la interesante forma de insertar los problemas que los homosexuales sufrieron durante décadas anteriores, mediante “flashbacks” y la conexión entre pasado y presente). Varios elementos son un poco irritantes (algunos tópicas pinceladas "indies"), si bien, al fin y al cabo, a menudo participan de esa exposición de alternativas a las convenciones de la rutina diaria (bien sea andar en patines o pintar grafitis). El director recurre en ocasiones a planos amplios y simpáticas ideas (los subtítulos cuando “habla” el perro; algunos montajes de fotografías). Infortunadamente, hacia su mitad final el film se torna algo cansino (sobre todo porque la relación entre Ewan McGregor y la chica carece de demasiada intensidad).

En cuanto a la exitosa Bridesmaids, sólo diré que brinda varios momentos francamente divertidos, aunque debo añadir que la nominada al Oscar Melissa McCarthy (que se encuentra presente en un buen número de esas escenas simpáticas) no destaca por encima del resto de un reparto que raya a buena altura. Por último, My Week with Marilyn es una típica producción de los Weinstein, realizada de forma correcta y atonal, con personajes y situaciones tópicas (se lleva la palma la exagerada manera de caracterizar a Paula Strasberg), sin ningún elemento realmente iluminador o reflexivo, pero al menos bien interpretada y con un acercamiento detallado al mito y la personalidad de Marilyn. Ella absorbe la atención de una película demasiado complaciente y a la que le falta dureza y pasión genuina.
Cabría considerar la ganadora al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, la alabada Jodaeiye Nader az Simin (conocida internacionalmente como "A Separation"), una especie de resumen tipo wikipedia (para el público occidental) de algunos rasgos de la cinematografía iraní. Aun así, se trata de otro cinta atractiva, que empeora un poco hacia su tramo final (¡cuántos filmes actuales arrastran el mismo defecto!), pero bien interpretado y con momentos muy intensos. El tema sobre el que gira podría haber dado lugar a una comedia (o un drama) del Mitchell Leisen: en este caso, la(s) mentira(s) sobre las que se vertebra la historia se derivan de la situación de las mujeres en Irán, que supone uno de los temas principales del film. A pesar de que la película se prestaba a ello, Asghar Farhadi no explora apenas la relación entre realidad y ficción (a la manera de Kiarostami); en este sentido, echo de menos una mayor reflexividad sobre el material. Paralelamente, el instante crucial del film (aquel en el que el protagonista expulsa a la empleada doméstica de su hogar) podría haber dado más juego. Con todo, Jodaeiye Nader az Simin es un film esporádicamente notable.

Paso por alto las nominaciones al mejor film de animación; no comparto el entusiasmo exorbitante de algunos compañeros por el actual cine “de dibujos” de estudio, básicamente porque, si bien reconozco la indudable calidad de algunas propuestas, creo que deberíamos reflexionar sobre hasta qué punto nos hallamos, en muchos casos, sólo ante pericia narrativa (y técnica, si se quiere); y, sobre todo, deberíamos volver la vista hacia atrás más a menudo y recordar (y alabar) los logros colosales de maestros como, por ejemplo, Chuck Jones.


Para terminar he dejado dos de los mejores títulos de este año, nominados en la categoría de mejor largometraje documental. If a Tree Falls: A Story of the Earth Liberation Front no sólo deja en evidencia las (muchas) líneas absurdas del sistema judicial estadounidense, sino que se acerca a la durante varios años (así llamada) principal amenaza terrorista "doméstica" de Estados Unidos con un estupendo pulso narrativo, gracias en parte a una valiosísima documentación.












La película plantea cuestiones significativas, como qué vías quedan para oponerse y responder a los atentados contra nuestra salud y la del propio planeta, por lo que reflexiona también sobre el
significado de la democracia estadounidense (y sus vacíos). En segundo lugar, Paradise Lost 3: Purgatory completa una trilogía imprescindible, de nuevo en torno al funcionamiento del sistema judicial estadounidense.














Lo único que cabría reprocharle a esta obra es la repetición de información que ya se nos había suministrado en las anteriores entregas. Quizás no represente el último episodio alrededor de unos hechos tan duros y misteriosos como fascinantes. Todo funciona aquí como en un film de juicios vibrante y dramático: el descubrimiento de nuevas pruebas; las escenas con el (posible nuevo sospechoso) padre de una de las víctimas; la rectificación de un par de progenitor de los niños asesinados con respecto a su inicial convicción de la culpabilidad de “los tres del Memphis oeste”. El discurso final de Jason Baldwin es impresionante. Análogamente, existe cierta autorreferencialidad (nos encontramos ante “viejos conocidos”) y, de hecho, entre los mejores planos se encuentran aquellos en los que aparecen los realizadores. Atom Egoyan está preparando un largometraje sobre estos mismos sucesos, que protagonizarán Reese Witherspoon y Colin Firth.




1. En en su análisis de Small Soldiers “Cutting Heroes Down to Size”, el 24 de julio en Chicago Reader.